A mi vecina

Microrelatos  


23 de noviembre de 2016

Un día voy a tomar coraje. Voy a salir de mi casa y le voy a tocar el timbre. Y cuando me abra, le voy a confesar que hace meses que estoy así, pensando en tomar coraje, en salir de mi casa y en tocarle el timbre. Porque tengo que decirle, necesito decirle, que me cansé del olor a tuco que se cuela por sus paredes, emanado por todos los poros de su cocina hasta mi balcón. Ese hijo de puta, reverendo, que se filtra por mi ventana y que me invade el living, cada vez que estoy lavando lechuga o cortando el repollo colorado.

– Hola vecina. Soy Camila, la de al lado. ¿Me invitás a comer?

Algún día.


17 de noviembre de 2016

Mi vecina empieza a cocinar 11.43 y no tiene ni idea de lo que me está cagando la vida. Yo quería comer a la una, por eso me hice este mate, me corté este queso cremoso y me prometí exprimir el momento que pensé, era mi clímax de rendimiento laboral. Ahora no puedo dejar de pensar que tengo hambre de hambre, no me puedo concentrar en nada, y ni cerca está lo que sea que tenga en mi heladera de esa carne al horno con papas que distingo desde el B. Dejá, no te preocupes Silvia. Cierro el balcón. Podré morir calcinada, pero de muerta de hambre jamás.


9 de noviembre de 2016

Ayer descubrí que alguien peor (o de igual grado) que mi vecina, y es mi otra vecina. Yo venía de un humor insoportable, de esos malos que se te pegan a la mañana y sabés que no te van a soltar hasta que al otro día te levantes y adquieras la capacidad de ver las cosas con otros ojos. Así me acosté, rogando que la almohada me diera un poco de consuelo, y en el mismo momento en el que estaba por conciliar el sueño la hija de mil puta se puso a coger y a gritar, vaciando sus pulmones al cien en cada alarido. El otro le hacía eco y para colmo iban a total destiempo, lo que me hacía suponer que estaban teniendo la peor relación sexual de la historia y eso me ponía todavía más nerviosa. Me parecía un poquito mala onda de mi parte asomar la cabeza por la ventana y gritarles “¡chicos no se olviden que este edificio es de los nuevos y se escucha todo!” o… “¡dale cheee, que no estamos en un conventillo!” (esa frase la heredé de mamá y la amo). Así que me limité por darle un par de piñas fuertes a la pared y subir el volumen de mi tele en la primera película porno que encontré, en modo home theater.

A mí no me van a joder.


 



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